miércoles, 10 de septiembre de 2025

BUSCADORES DE FELICIDAD



EL MANANTIAL DE SIETEAGUAS





JESÚS NOS HABLO AL CORAZÓN











Bienaventurados vosotros, jóvenes,

que alimentáis la cultura de la vida

y no os dejáis llevar por los pensamientos

egoístas, cómodos, hedonistas o consumistas

que se os presenta como “buenos”

¡ No caeréis en el vacío,

En la insatisfacción o el aislamiento!




Bienaventurados vosotros que a pesar de

Vivir bombardeados por el odio y por la violencia,

Sabéis acoger y amar a todos.

¡ Seréis artífices de la paz!

Bienaventurados vosotros, jóvenes,

que anunciáis allí por donde vais

que Cristo es la certeza,

el Camino, y ,

¡ Seréis sal de la vida!

Bienaventurados, vosotros….



























vosotros, jóvenes,

Que lleváis con vosotros la dimensión

De novedad y creatividad.

¡Seréis vida que empieza a crecer!


DEBEMOS APRENDER A SER BUSCADORES DEL BIEN



El buscador del bien es quien busca y encuentra lo bueno que hay en si mismo ,en los demás y en todas las situaciones de la vida.

Probablemente es verdad que por lo general, encontramos lo que buscamos.

Si nos proponemos encontrar el mal lo encontraremos, pero si nos proponemos a encontrar bondad hay mucha bondad por descubrir.

Si buscamos imperfecciones en nosotros mismos y en los demás tendremos éxito en nuestra búsqueda ,pero si miramos mas allá de las debilidades y tratamos de descubrir lo bueno y bello que nadie había insistido lo suficiente nuestra búsqueda se verá recompensada con creces..

Buscar lo bueno que hay en nosotros no es en modo alguno vanidad , pues debe concluir en un acto humilde de gratitud. Buscar lo bueno que hay en nosotros es lo único que nos hará auténticamente felices.

Es la experiencia de María de Nazaret que ante su prima Isabel se proclama feliz.

Se siente bendecida por Dios.

Para ser buscadores del bien ,debemos fijar nuestra mirada en todos los dones que Dios nos ha dado.

Debemos hacer un lento recuento amoroso, de las bendiciones que hemos recibido., debemos reconocer que todo lo que tenemos es un regalo de Dios. Y debemos estar agradecidos por todos esos dones que forman parte de nosotros.

Jonh Powell


JESÚS SALE A NUESTRO ENCUENTRO Y NOS LLAMA POR NUESTRO NOMBRE

COMO LLAMO A ZAQUEO:

"Entró en Jericó y andaba por la ciudad. Había allí un hombre, llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. intentaba ver a Jesús, pero no podía por la gente, porque era bajo de estatura. Se adelantó y se subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa». Bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban y decían: «Se ha hospedado en casa de un pecador» .Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si he estafado a alguien, le devolveré cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha entrado la salvación en esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán.El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que

estaba perdido». (Lc19,1-10)


EN LA TARDE NOS VIMOS UNA PELÍCULA:

CONVERSACIONES CON DIOS.

EL DÍA ESTABA LLUVIOSO Y NOS AYUDO A SEGUIR PROFUNDIZANDO EL TEMA

A CONTINUACIÓN GABI NOS DIO SU EXPERIENCIA DE COMO EN ESA BÚSQUEDA PROFUNDA DE LA FELICIDAD DONDE SE ENCONTRABA SEDIENTA COMO LA SAMARITANA, SE HABÍA ENCONTRADO CON DIOS Y LE HABÍA COLMADO DE FELICIDAD.

DESPUÉS NOS FUIMOS A LA CAPILLA DE LA TERNURA DE MARÍA PARA FINALIZAR EL DÍA EN ACCIÓN DE GRACIAS.


FELIZ LA QUE HA CREÍDO

SE NOS INVITO A RESUMIR EN UNA FRASE LA EXPERIENCIA DEL DÍA.





HOY HA SIDO UN DIA FELIZ


UN DÍA CON ENCANTO

BENDITA ENTRE TODAS LAS MUJERES

PLENA

LOS SENTIMIENTOS Y EMOSIONES

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Los altibajos en el estado de ánimo son comunes a casi todos nosotros. En algunos momentos nos sentimos arriba y en otros abajo.
Parece increíble que manejemos las emociones de acuerdo con lo que pensamos sobre ellas, por tanto debemos preguntarnos hay emociones activas en mi que permito que sean un obstáculo a mi gozosa auto aceptación puedo sentir miedo , dolor, cólera, celos, resentimiento autosatisfacción o autocompasión sin autocriticarme y auto condenarme hay sentimientos que me gustaría ocultar con la esperanza de que desaparezcan.
NUESTRA PERSONALIDAD
Existen diferentes tipos de personalidad que parecen ser en parte genéticos y en parte resultado de la programación de la infancia. , dentro de cada tipo de personalidad hay individuos sanos y enfermos y siempre hay espacio para el crecimiento.
Sin embargo nuestro tipo de personalidad está bien establecido unos son extrovertidos otros introvertidos, unos han nacido lideres otros seguidores leales, unos son silenciosos , otros expresivos, , otros divertidos ,otros incapaces de contar un chiste., otros susceptibles.
Pero cada uno de nosotros, es único diferente del resto, nuestros propios dones nos distinguen, nuestras limitaciones nos definen.
Por lo que sabes de tu tipo básico de personalidad pregúntate soy feliz de ser como soy
Me parece mi personalidad básica atractiva o repulsiva.
Para entender mejor la personalidad podría ser útil hacer una lista de cualidades que mejor nos describen:
Tranquilo,Sencillo,Diplomático.
Divertido,Verbal,Emocional
Solitario, Comprometido, Alegre
Inquieto.
Luego pregúntate:
¿ Me gusta lo que veo o me decepciona?
¿Me gustaría cambiar mi personalidad o estoy feliz con ella?

FE Y FELICIDAD








RAZONES PARA SER FELIZ JOSE LUIS DESCALZO


Aprender a ser felices

Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a todo hombre es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia.Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda,sino que 

la felicidad se  construye ladrillo a ladrillo como una casa.

Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa y  que hay razones más que suficientes de alegría para llenar una vida de jugo y de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.

Sería también necesario decirles que no hay «recetas» para la felicidad, una de las claves para ser felices está en descubrir «qué» clase de felicidad es la mía propia.

Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella como :

— Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. 

 _ Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos.  

— No tener que esperar a encontrarnos con un ciego para enterarnos de lo hermosos e importantes que son nuestros ojos.No necesitar conocer a un sordo para descubrir la maravilla de oír. 

_ Sacar jugo al gozo de que nuestras manos se mueven.

— Asumir después serenamente las partes negativas de nuestra existencia.

_ No encerrarnos masoquistamente en nuestros dolores . No magnificar las pequeñas cosas que nos faltan.

_ No sufrir por temores o sueños de posibles desgracias que probablemente nunca  llegarán 

— Vivir abiertos hacia el prójimo.  Tratar de comprenderles y de aceptarles tal y como son distintos a nosotros,pero buscar también en todos más lo que nos une que lo que nos separa, más aquello en lo que coincidimos que en lo que discrepamos. Ceder siempre que no se trate de valores esenciales

_  No confundir los valores esenciales con nuestro egoísmo.

— Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. Caminar hacia él incesantemente, aunque sea con algunos retrocesos.

- Aceptar la lenta maduración de todas las cosas, comenzando por nuestra propia alma.

_  Creer en la lenta eficacia del amor.Saber esperar.

— En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados.

Tener el alma siempre joven y, por tanto,siempre abierta a nuevas experiencias.

— Revisar constantemente nuestras escalas de valores. 

— Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza

o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios es el Dios de la vida .

— Procurar sonreír con ganas o sin ellas. Estar seguros de que el hombre es capaz de superar muchos dolores, mucho más de lo que el mismo hombre sospecha.

La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de hombres: la construcción de la Felicidad 

José  Luis descalzo


LA FELICIDAD NO SE COMPRA


 el “sermón de la montaña” como un verdadero programa de vida.
Ésa y no otra es la clave para entender y acoger estas palabras de Jesús. Cuando él proclama la llegada del Reino, exige también una inversión total de los criterios que imperan en este mundo. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en las bienaventuranzas que encabezan este discurso (Mt 5, 3-11). En ellas están reflejados una serie de valores alternativos que son los que guiaron la vida de Jesús y los que deben hacer suyos quienes le siguen. Son como el “retrato robot” al que deberían parecerse los verdaderos discípulos, el sendero por el que caminan los que descubren que no hay mayor felicidad que hacer lo que Dios quiere.

MAL PROGRAMADOS
Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando está siendo vivida con acierto y plenitud. Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada. Una de las instrucciones erróneas dice así: «Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás e, incluso, la propia estima hay que triunfar.
La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida.
Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales. La segunda equivocación es ésta: «Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás». Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar. La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante. En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia oculta, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás. Así, difícilmente se puede ser feliz.
Otra consigna equivocada: «Si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz». Has de responder a lo que espera de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas. Si no entras por donde van todos, puedes perderte. La persona así programada se estropea casi inevitablemente. Termina por no conocerse a sí misma ni vivir su propia vida. Sólo busca lo que buscan todos, aunque no sepa exactamente por qué ni para qué. Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los que sufren, con una confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional? Por ahí va el programa de vida que nos trazan las Bienaventuranzas de Jesús.

LA FELICIDAD NO SE COMPRA
Nadie sabemos dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos? Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz.
También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta de ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad. Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud. Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas…
Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria». Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús. ¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad?
Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir… O bien, amar… buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.
Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello. Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros. Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con. José Antonio Pagola.

EL SACRAMENTO DE UNA SONRISA JOSE LUIS MARTIN DESCALZO

El sacramento de la sonrisa

Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un  regalo celeste, le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas.Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.

Hay, ya lo sé, sonrisas mentirosas, irónicas, despectivas y hasta ésas que en el teatro romántico llamaban «risas sardónicas». Son ésas de las que Shakespeare decía en una de sus comedias que «se puede matar con una sonrisa».Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda pudrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre.

Hablo más bien de las que surgen de un alma iluminada, ésas que son como la crestería de un relámpago en la noche, como lo que sentimos al ver correr a un corzo,como lo que produce en los oídos el correr del agua de una fuente en un bosque solitario, ésas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un niño de ocho meses y que algunos humanos —¡poquísimos!— consiguen conservar a lo largo de toda su vida.

Me parece que esa sonrisa es una de las pocas cosas que Adán

y Eva lograron sacar del paraíso cuando les expulsaron y por eso

cuando vemos un rostro que sabe sonreír tenemos la impresión de

haber retornado por unos segundos al paraíso. Lo dice estupendamente

Rosales cuando escribe que «es cierto que te puedes perder

en alguna sonrisa como dentro de un bosque y es cierto que, tal vez,

puedas vivir años y años sin regresar de una sonrisa». Debe de ser,

por ello, muy fácil enamorarse de gentes o personas que posean una

buena sonrisa. Y ¡qué afortunados quienes tienen un ser amado en

cuyo rostro aparece con frecuencia ese fulgor maravilloso!

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Pero la gran pregunta es, me parece, cómo se consigue una sonrisa.

¿Es un puro don del cielo? ¿O se construye como una casa?

Yo supongo que una mezcla de las dos cosas, pero con un predominio

de la segunda. Una persona hermosa, un rostro limpio y puro

tiene ya andado un buen camino para lograr una sonrisa fulgidora.

Pero todos conocemos viejitos y viejitas con sonrisas fuera de serie.

Tal vez las sonrisas mejores que yo haya conocido jamás las encontré

precisamente en rostros de monjas ancianas: la madre Teresa de

Calcuta y otras muchas menos conocidas.

Por eso yo diría que una buena sonrisa es más un arte que una

herencia. Que es algo que hay que construir, pacientemente, laboriosamente.

¿Con qué? Con equilibrio interior, con paz en el alma, con un

amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonríe fácilmente. Porque

la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad interior a sí mismos.

Un amargado jamás sabrá sonreír. Menos un orgulloso.

Un arte que hay que practicar terca y constantemente. No haciendo

muecas ante un espejo, porque el fruto de ese tipo de ensayos

es la máscara y no la sonrisa. Aprender en la vida, dejando que la

alegría interior vaya iluminando todo cuanto a diario nos ocurre e

imponiendo a cada una de nuestras palabras la obligación de no

llegar a la boca sin haberse chapuzado antes en la sonrisa, lo mismo

que obligamos a los niños a ducharse antes de salir de casa por la

mañana.

Esto lo aprendí yo de un viejo profesor mío de oratoria. Un día

nos dio la mejor de sus lecciones: fue cuando explicó que si teníamos

que decir en un sermón o una conferencia algo desagradable

para los oyentes, que no dejáramos de hacerlo, pero que nos obligáramos

a nosotros mismos a decir todo lo desagradable sonriendo.

Aquel día aprendí yo algo que me ha sido infinitamente útil:

todo puede decirse. No hay verdades prohibidas. Lo que debe estar

prohibido es decir la verdad con amargura, con afanes de herir.

Cuando una sola de nuestras frases molesta a los oyentes (o lectores)

no es porque ellos sean egoístas y no les guste oír la verdad, sino

porque nosotros no hemos sabido decirla, porque no hemos tenido

el amor suficiente a nuestro público como para pensar siete veces

en la manera en la que les diríamos esa agria verdad, tal y como

pensamos la manera de decir a un amigo que ha muerto su madre.

La receta de poner a todos nuestros cócteles de palabras unas gotitas

de humor sonriente suele ser infalible.

Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de

la gran paz. Por eso me he atrevido a titular este comentario ha-<

blando de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo

visible de que nuestra alma está abierta de par en par.